jueves, 31 de diciembre de 2009

2º....

Tenia un gesto serio que ensombrecía su rostro y sostenía un conejo de peluche. Me miró con miedo y de pronto se hecho a llorar. Yo nunca había visto llorar a un niño pequeño y no sabía que hacer.
-Perdona, no quería...-pero antes de que me hubiera dado tiempo a decidir que iba a decir a continuación, había salido corriendo cerrando con un fuerte portazo.
Me senté en las escaleras del porche y esperé. La casa se encontraba en una zona seca y pobre en la que no se podría cultivar ni una cebolla.
Al rato apareció la que debía ser la madre de la niña.
-Disculpe, ¿qué le ha traído aquí?-estaba preocupada, y detrás de su falda distinguí una de las orejas del conejo de peluche.
-Buenas tardes, me llamo Ricardo soy compañero de Fred y venía a verle. -En ese momento lo que me apetecía era decir que me disculparan e irme hacia mi casa, hacia ya un rato que tenía los dedos de los pies congelados. Pero a pensar en el largo camino hasta el pueblo, me apeteció entrar en a casa, aunque tuviera ese aspecto tan desolador.
-Acompáñame, Fred está en su habitación.
La seguí por un corto pasillo. La casa tenía una sola planta y no era muy grande. La habitación de mi compañero era muy pequeña y tenía dos camas, una era muy pequeña y estaba junto a la puerta, y en la otra estaba tumbado Fred.
-!Que sorpresa !¿cómo tú por aquí Richi?-tenía mala cara y estaba muy pálido, pero su sonrisa era la de siempre.
-He venido a contarte que hemos hecho en las clases y que tareas nos han mandado.-Desde que había entrando en la casa me encontraba incómodo. Me sentía como si hubiera entrado en un lugar al que no debía haberme acercado nunca. Toda la casa estaba en silencio, sólo se oía mi voz mientras le explicaba todo a Fred. Daba la sensación de que no había nadie más en kilómetros a la redonda.
Cuando terminé, e iba a levantarme para salir, una voz susurro a lo lejos...
-Lo siento, si vuelves, mejor.-era una voz suave pero consiguió que me entrará más miedo del que ya había acumulado.
Miré a Fred ,él sonreía, y me miraba con curiosidad.

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