Esa semana todos los profesores del curso se extrañaron del nuevo y poco convincente comportamiento de Ricardo Girón, mi silencio continuado se debía a la sorpresa ante lo extraño. Hasta ese momento mi vida había sido lo más ordinaria que se pueda imaginar, me levantaba iba al colegio, donde siempre sucedía algo inoportuno que interrumpía las clases, comía en el patio un par de bocadillos preparados con cariño por mi madre y por la tarde después del clásico partido de fútbol a la salida del colegio que terminaba cuando alguno se lesionaba de forma leve y en ocasiones no tan leve, volvía a casa donde me esperaba un pobre y seco bocadillo de chorizo que me tomaba a la vez que hacia las tareas de lengua o matemáticas para el día siguiente.
Antes de la cena llegaba mi padre. Cenábamos los tres juntos en la pequeña mesa del cuarto de estar donde mi madre siempre procuraba que hubiera flores para alegrar la casa.
Durante la cena papá nos hablaba de su día y de las cosas que habían sucedido en la oficina, intentando así enseñarme poco a poco los gajes de la empresa familiar donde esperaba que yo trabajara en un futuro...
bien, pues esa había sido mi vida desde donde puedo recordar, así que mi visita de aquella tarde fue el primer suceso extraño o digno de mención en la historia de mi existencia.No sabía que podía significar, que era lo que el mundo pretendía que yo sacase en claro de aquello, y de ahí mi silencio...
viernes, 9 de abril de 2010
martes, 5 de enero de 2010
3º
Le devolví la sonrisa sin mucho convencimiento..y no tardé en salir de la habitación.
Durante el camino de regreso a casa decidí no pensar mucho en lo extraña que había terminado por ser la tarde.
-¿Qué tal, cariño?
-No me beses mamá ya no soy un niño...¡vale!
-Bueno, no te pongas así -me miró con cara de preocupación- Debes estar muerto de frío. Ven que te preparo algo caliente. ¡Y deja el abrigo en su sitio!-mi madre era una persona adorable, y nunca se cansaba de repetirme una y otra vez las mismas cosas.
-¿Por qué has tardado tanto?¿Vive muy lejos tu compañero o es que tenías mucho que explicarle?-esperó unos segundos en los que no me dio tiempo a asimilar como sería mi respuesta.-Bueno no hace falta que me lo digas, habrás tenido tus razones, pero la próxima vez haz el favor de avisarme antes de marcharte, ¿quieres?- y tampoco esperó a que contestará.
Me acosté antes de que mi padre volviera.
Esa noche soñé con una niña pequeña y un conejo gigante que sonreía y perseguía un susurro...
Durante el camino de regreso a casa decidí no pensar mucho en lo extraña que había terminado por ser la tarde.
-¿Qué tal, cariño?
-No me beses mamá ya no soy un niño...¡vale!
-Bueno, no te pongas así -me miró con cara de preocupación- Debes estar muerto de frío. Ven que te preparo algo caliente. ¡Y deja el abrigo en su sitio!-mi madre era una persona adorable, y nunca se cansaba de repetirme una y otra vez las mismas cosas.
-¿Por qué has tardado tanto?¿Vive muy lejos tu compañero o es que tenías mucho que explicarle?-esperó unos segundos en los que no me dio tiempo a asimilar como sería mi respuesta.-Bueno no hace falta que me lo digas, habrás tenido tus razones, pero la próxima vez haz el favor de avisarme antes de marcharte, ¿quieres?- y tampoco esperó a que contestará.
Me acosté antes de que mi padre volviera.
Esa noche soñé con una niña pequeña y un conejo gigante que sonreía y perseguía un susurro...
jueves, 31 de diciembre de 2009
2º....
Tenia un gesto serio que ensombrecía su rostro y sostenía un conejo de peluche. Me miró con miedo y de pronto se hecho a llorar. Yo nunca había visto llorar a un niño pequeño y no sabía que hacer.
-Perdona, no quería...-pero antes de que me hubiera dado tiempo a decidir que iba a decir a continuación, había salido corriendo cerrando con un fuerte portazo.
Me senté en las escaleras del porche y esperé. La casa se encontraba en una zona seca y pobre en la que no se podría cultivar ni una cebolla.
Al rato apareció la que debía ser la madre de la niña.
-Disculpe, ¿qué le ha traído aquí?-estaba preocupada, y detrás de su falda distinguí una de las orejas del conejo de peluche.
-Buenas tardes, me llamo Ricardo soy compañero de Fred y venía a verle. -En ese momento lo que me apetecía era decir que me disculparan e irme hacia mi casa, hacia ya un rato que tenía los dedos de los pies congelados. Pero a pensar en el largo camino hasta el pueblo, me apeteció entrar en a casa, aunque tuviera ese aspecto tan desolador.
-Acompáñame, Fred está en su habitación.
La seguí por un corto pasillo. La casa tenía una sola planta y no era muy grande. La habitación de mi compañero era muy pequeña y tenía dos camas, una era muy pequeña y estaba junto a la puerta, y en la otra estaba tumbado Fred.
-!Que sorpresa !¿cómo tú por aquí Richi?-tenía mala cara y estaba muy pálido, pero su sonrisa era la de siempre.
-He venido a contarte que hemos hecho en las clases y que tareas nos han mandado.-Desde que había entrando en la casa me encontraba incómodo. Me sentía como si hubiera entrado en un lugar al que no debía haberme acercado nunca. Toda la casa estaba en silencio, sólo se oía mi voz mientras le explicaba todo a Fred. Daba la sensación de que no había nadie más en kilómetros a la redonda.
Cuando terminé, e iba a levantarme para salir, una voz susurro a lo lejos...
-Lo siento, si vuelves, mejor.-era una voz suave pero consiguió que me entrará más miedo del que ya había acumulado.
Miré a Fred ,él sonreía, y me miraba con curiosidad.
-Perdona, no quería...-pero antes de que me hubiera dado tiempo a decidir que iba a decir a continuación, había salido corriendo cerrando con un fuerte portazo.
Me senté en las escaleras del porche y esperé. La casa se encontraba en una zona seca y pobre en la que no se podría cultivar ni una cebolla.
Al rato apareció la que debía ser la madre de la niña.
-Disculpe, ¿qué le ha traído aquí?-estaba preocupada, y detrás de su falda distinguí una de las orejas del conejo de peluche.
-Buenas tardes, me llamo Ricardo soy compañero de Fred y venía a verle. -En ese momento lo que me apetecía era decir que me disculparan e irme hacia mi casa, hacia ya un rato que tenía los dedos de los pies congelados. Pero a pensar en el largo camino hasta el pueblo, me apeteció entrar en a casa, aunque tuviera ese aspecto tan desolador.
-Acompáñame, Fred está en su habitación.
La seguí por un corto pasillo. La casa tenía una sola planta y no era muy grande. La habitación de mi compañero era muy pequeña y tenía dos camas, una era muy pequeña y estaba junto a la puerta, y en la otra estaba tumbado Fred.
-!Que sorpresa !¿cómo tú por aquí Richi?-tenía mala cara y estaba muy pálido, pero su sonrisa era la de siempre.
-He venido a contarte que hemos hecho en las clases y que tareas nos han mandado.-Desde que había entrando en la casa me encontraba incómodo. Me sentía como si hubiera entrado en un lugar al que no debía haberme acercado nunca. Toda la casa estaba en silencio, sólo se oía mi voz mientras le explicaba todo a Fred. Daba la sensación de que no había nadie más en kilómetros a la redonda.
Cuando terminé, e iba a levantarme para salir, una voz susurro a lo lejos...
-Lo siento, si vuelves, mejor.-era una voz suave pero consiguió que me entrará más miedo del que ya había acumulado.
Miré a Fred ,él sonreía, y me miraba con curiosidad.
miércoles, 30 de diciembre de 2009
1º....
Mencía tenía seis años cuando yo la conocí, era una niña muy delgada, bastante alta para su edad y con el pelo rubio y muy largo. A primera vista parecía una niña normal y corriente, bastante guapa pero normal al fin y al cabo.
Yo tenía dieciséis años y había ido a visitar a Fred, su hermano mayor.Nos conocíamos del colegio. Yo era nuevo ese curso y el había sido muy amable conmigo desde el principio.Esa semana Fred había enfermado y yo me había ofrecido a ser el que le llevara las tareas y le explicara de que nos había hablado el profesor Luque.
Cuando pregunté al resto de compañeros dónde vivía la familia Calens, todos me habían respondido lo mismo.
-Quien sabe...
Al final me enteré de que su casa se encontraba a las afueras y que no tenía una dirección marcada. Me lo dijo Nacho, el niño más repelente que jamás había conocido:tenía el pelo negro y en punta, nunca se peinaba, y dudo de que se duchara, siempre estaba sonriendo, pero como tenía la boca muy pequeña, ese era un gesto que hacía que su rostro resultara más desagradable aún.
Me dijo que la casa estaba a unos 20 kilómetros del final del pueblo por la zona de la iglesia. Así que decidí ir en cuanto terminara de comer, para que así me diera tiempo a llegar a casa a una hora adecuada.
Mencía fue quien me abrió la puerta.
Yo tenía dieciséis años y había ido a visitar a Fred, su hermano mayor.Nos conocíamos del colegio. Yo era nuevo ese curso y el había sido muy amable conmigo desde el principio.Esa semana Fred había enfermado y yo me había ofrecido a ser el que le llevara las tareas y le explicara de que nos había hablado el profesor Luque.
Cuando pregunté al resto de compañeros dónde vivía la familia Calens, todos me habían respondido lo mismo.
-Quien sabe...
Al final me enteré de que su casa se encontraba a las afueras y que no tenía una dirección marcada. Me lo dijo Nacho, el niño más repelente que jamás había conocido:tenía el pelo negro y en punta, nunca se peinaba, y dudo de que se duchara, siempre estaba sonriendo, pero como tenía la boca muy pequeña, ese era un gesto que hacía que su rostro resultara más desagradable aún.
Me dijo que la casa estaba a unos 20 kilómetros del final del pueblo por la zona de la iglesia. Así que decidí ir en cuanto terminara de comer, para que así me diera tiempo a llegar a casa a una hora adecuada.
Mencía fue quien me abrió la puerta.
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